Nunca me acuerdo de olvidarte...

domingo, 29 de mayo de 2011

Shakira revivió sus éxitos y celebró la Champions en el Estadi Olímpic



El efecto Barça-Champions y la llamada de Gerard Piqué a asistir al recital de Shakira no fueron suficientes para llenar anoche el Estadi Olímpic. El recinto de Montjuïc lució media entrada, pero la colombiana exhibió recursos para vencer la frialdad del cemento visto en parte de las gradas (y los anuncios de telefonía que las cubrían). Fue un show de guión similar al de pasado noviembre en el Sant Jordi. Las diferencias fueron, sobre todo, extramusicales: Piqué y otros cinco jugadores del Barça salieron a bailar con la estrella.
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Pese a quedar lejos del lleno, el de ayer quizá sea el primer caso de la historia en que un triunfo futbolístico incide en la venta de entradas de un concierto. El viernes a última hora se habían despachado algo más de 24.000 entradas (para un recinto de 60.000 localidades), y la victoria del Barça provocó una oleada de público de última hora que formó largas colas en las taquillas. Para dar margen a esos fans súbitos, muchos llegados del acto del Camp Nou, la organización retrasó el inicio de la actuación. Hora y cuarto de espera. Dudas: ¿aguardábamos al público o a Shakira? El retraso se amenizó con un irritante y machacón régimen de reggaeton y electrónica latina.
Se tensó la cuerda. El público comenzaba a gritar «¡fuera, fuera!», a silbar, a cantar «¿por qué, por qué?», a abuchear y arrojar objetos al escenario cuando, a las 23.17 horas, bajó el telón y salió la diva. Curiosamente, la primera canción de la noche fue Why wait. ¿Por qué esperar?
Le siguió otra pieza con mensaje: Te dejo Madrid«Yo no quiero cobardes / que me hagan sufrir», cantó Shakira, que saludó en catalán. «Com està la meva gent?», preguntó. Recordó que había «tant per celebrar» y añadió: «Gràcies per fer-me sentir com a casa, perquè això és casa meva». Pues su gente está muy bien, gracias, aunque aún habría estado mejor si la estrella hubiera dicho unas mínimas, simbólicas palabras de disculpa por salir a actuar una hora y cuarto tarde.
BARCELONISMO A ESCENA / Shakira tuvo suerte: sus fans se olvidaron de todo cuando el show comenzó a andar. Prontó cayó Whenever, Wherever (Suerte, en la versión española, y fundida con unas estrofas de Unbelievable, de EMF) y llegó una sorpresa que no lo era tanto. La cantante pidió a Gerard Piqué que subiera al pequeño escenario secundario, y fue llamando por sus nombres a los otros jugadores del Barça. Salieron Xavi, Villa, Pedro, Bojan y Busquets. «No me puedo quejar, tengo aquí a la mitad del mejor equipo del mundo», celebró. Aunque fueron reclamados, Valdés, Alves y Abidal no aparecieron. Sesión de movimientos de cadera al son de la canción. La escena no dio más de sí. «¡Visca el Barça
Con una guitarra acústica colgada, Shakira recuperó Inevitable («una de las favoritas de mi repertorio») y adaptó Nothing else matters, de Metallica, en clave de folk de cámara con guiños andinos. En Gypsy jugó con una temeraria fusión de flamenco y folclore vagamente balcánico.
AMOR EN PÚBLICO / Y fueron cayendo los hitsLa tortura, Ciega, sordomuda, Las de la intuición, Loba... Guiños a su flamante enamorado. «A veces, en la vida, cuando menos te lo esperas, llega algo, o alguien, y entonces... Sale el sol». En Loca cambió la letra del estribillo: «Soy loca con mi Piqué».
Más exotismo y danza del vientre en Ojos así. Violines melancólicos y cantos bereberes. Y tras Antes de las seis y Hips don't lie, un Waka waka a todo trapo al que, contra lo esperado, no se sumaron los jugadores del Barça, sino un grupo de fans previamente seleccionados. Final feliz.

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